Testimonio de Vicencio Morales

Por el año 1986 sacamos una cita para el Hno. Vicencio con el cirujano oftalmólogo en Oaxaca para extraer la catarata de su ojo bueno. Unos días después al quitar la venda, solamente veía una luz sin poder distinguir ningún objeto. El doctor nos dijo que tenía la retina desprendida causado por la infección del otro ojo cuando se perforó años atrás, pasando por el nervio óptico. Fue entonces que escuchamos la triste noticia que nunca podrá recuperar la vista. 

Durante esa semana de reposo en cama, con corazones entristecidos por esta noticia, le conseguí una armónica para que se distrajese un poco durante esos largos días en la oscuridad. Fue entonces cuando la Luz Verdadera alumbró su mente y corazón para encontrar el propósito de Dios para su vida: ¡Componer cánticos nuevos para alabar a Dios en su lengua materna!

Esa misma tarde el Hno. Vicencio compuso su primera melodía tocando la armónica. Cuando entré al cuarto escuché la melodía y le pregunté dónde la había aprendido, me respondió que venía de su corazón en gratitud a Dios. Le pregunté de qué estaba pensando al componer la melodía, me dijo que deseaba ofrendarle un cántico nuevo, alabarle con todo su corazón, alma, mente y fuerzas, porque solo él era su Hacedor y Dueño.

Al otro día entré con mi hijo más pequeño al cuarto donde estaba sentado el Hno. Vicencio y le pregunté si podría tocar la nueva melodía para mi hijo. Al intentar, no pudo porque se le había borrado la melodía de su mente. Le pidió a Dios en oración que le diera otra oportunidad de alabarle por medio de esa melodía y por la tarde se le vino de nuevo, fue entonces que mi hijo pudo escucharle tocar su armónica. 

Ese mismo día Dios me iluminó para conseguirle una pequeña grabadora y un casete de 60 minutos para grabar las nuevas melodías, una por una, así como las iba sacando de su corazón. En pocos días se llenó el primer lado del casete, 30 minutos de melodías nuevas y distintas. Hablamos del nuevo ministerio que Dios estaba poniendo en sus manos para que Su Pueblo le alabara en chatino, su lengua materna. Ya estaban las melodías, solamente faltaban las palabras en chatino.

Le ofrecí mi apoyo para escribir las palabras en un cuaderno, luego empezamos a acomodar las palabras por sílabas a la melodía para comunicar un mensaje espiritual. Así como le poníamos palabras a las melodías, así iba componiendo el Hno. Vicencio otras melodías hasta llenar el casete. Cuando el doctor le dio de alta para regresar a su pueblo, regresó con una vista clara en su corazón del ministerio que Dios le había concedido, un propósito divino de llevar al pueblo chatino en cantar alabanzas al Señor.

Poco a poco salieron los primeros 24 cantos con su letra, de luego se buscó guitarristas y músicos en la iglesia para acompañar al Hno. Vicencio mientras se grababan los nuevos cantos en casete para poder distribuirlos entre la comunidad. Así ha continuado el Hno. Vicencio desde el número 25 hasta llegar al número 200, cantando temas de gozo, agradecimiento, pruebas y aflicción, juicio, misericordia y perdón, de nuestro andar como hijos de Dios, de rendir cuentas a él, de sufrimiento, tentación y victoria, cosas materiales y perdición, los peligros del mundo, temas de arrepentimiento, de crecimiento y madurez, parábolas, historias bíblicas, pasajes bíblicos, el evangelio de Jesucristo, su muerte y resurrección, sus milagros, su segunda venida, sus atributos, la salvación, la divina gracia, su perdón y misericordia, su provisión y su gran amor, los deberes de un creyente, la obediencia a la Palabra, la comunión entre hermanos, la bendición de recibir visitas, los acontecimientos de la vida, el nacimiento de un bebe, celebrando una boda, las bendiciones de Dios, iniciando un trabajo, el año nuevo, no faltando temas de enfermedad y la muerte, pero también la vida eterna y nuestra morada en el cielo.

Han pasado más de 30 años y el Hno. Vicencio sigue fielmente el ministerio por el cual fue llamado a servir a Dios y a Su Pueblo. ¡Glorificado sea el Nombre del Señor!

 

David Nellis

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